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lunes, 2 de junio de 2014

Yo abdico. (Reyes que hacen un Julieta Venegas+venas+McDonald's+testamentos en vida+austeridad+Epic Moments+Weetabix®+Crocs®)




Pensamiento 1.

A la enfermera se le iban los ojos mirando mi vena.

- Esa vena. Esa vena y no otra. - me miraba mientras pinchaba a mi compañera de habitación, que era resueltamente ignorada.

- Ya, pero esa ya no da juego. Tiene que ser otra. - proclamaba yo, temiéndome lo peor.

Estoy en la séptima planta del hospital. Hacía tiempo que no venía por aquí y, momentos después de ser mirada con deseo-no-sexual, estoy más agujereada de la cuenta porque "esa vena y no otra" era la única válida para sacarme/meterme cosas. Pero ya no da para más.

Me gusta esta planta porque es la mía de cuando la-cosa-no-está-bien-pero-tampoco-está-para-encomendarse-a-los-dioses. Me gusta porque su ventana da al McDonald's y no al cementerio (no sé qué fue primero, si el huevo o la gallina, pero... ¡cuanta lucidez arquitectónica situar un hospital al lado de un cementerio!) y me gusta porque mi habitación acaba siendo el rincón de tertulias de la planta, donde acuden enfermeras, otros pacientes, familiares, celadores y vendedores de la ONCE. Y todo resulta más ameno, dentro de la no-amenidad del olor a esterilizador y el color mitad blanco/mitad mugre de los hospitales públicos.

Hablamos de la muerte. En un hospital, siempre se acaba hablando de la muerte igual que en un ascensor siempre se acaba hablando del frío/ola de calor/lluvia/ventiscas y otros accidentes meteorológicos. Yo escondo mi pánico hacia ella diciendo que quiero una estatua imperial sobre mi tumba y que se convierta en un lugar de peregrinaje. Mi madre discute con una señora acerca de si hacer un testamento en vida es o no pecado. Ambas se apoyan en los argumentos de sus párrocos, que al parecer se contradicen bastante pero afirman tener línea directa con Dios.

- Nenas, poned la tele.

Todas miramos hacia la puerta en la que se había generado una enfermera de forma espontánea. Después, miramos al unísono, como en un partido de tenis, hacia la ranura de la tele que limita con un cartel que reza:

"20 min. 1 euro"

Acto seguido, volvemos a mirar hacia la enfermera de la que brotó la sugerencia, que a su vez nos devuelve la mirada y desaprueba con repulsión poco disimulada nuestra austeridad.

"Es que el rey ha abdicao", dice.

Seis décimas después, una multitud austera se arremolina en torno a mi móvil, y vemos a Rajoy, mientras se gestan tímidas disputas para pillar mejor posición en el epicentro de la información,

que era yo (en mi primer paso hacia mi proyecto de estatua imperial y peregrinaje)

Nadie acaba de entender muy bien qué ha dicho Rajoy, tal vez por su tendencia a irse por peteneras, tal vez por su acento tope-seductor,tía. Lo único claro es que el rey abdica, porque debajo de Rajoy, hay un cartel que reza:

"El rey abdica"

...


Pensamiento 2.


Han pasado algunas horas desde aquel "Nenas, poned la tele" ("Nenas" es un concepto que suele usarse entre enfermeras sin distinción de sexo) A estas alturas, dudo de que haya nadie que no se haya enterado de la abdicación (que no abducción). Dudo de que haya un solo españolito o residente que no haya visto, al menos, seis veces, el mensaje de un rey cansado ni, al menos, diez tertulias donde se analizan las fotos que acompañan la escena, los planos, la corbata, los tics... mientras de fondo aparecen imágenes en bucle acerca de los Epic Moments del susodicho. 

Al menos, quedarán en el archivo para cuando muera, y eso es trabajo adelantado.

Porque eso parece, que alguien ha muerto.

...

Pensamiento 3.

Me dirijo hacia M. y le digo muy seria: Abdico. Así, para ver cómo suena. Luego, con el mismo gesto y ya con más solemnidad, lo repito con mi madre, y, pasada una media hora, ya he abdicado delante de todo aquel que me cruzo. Hasta he abdicado públicamente en Facebook. 




Abdicar suena a fracaso. También a esto-no-da-para-más. Como mi vena. Esa vena y no otra. Ya, pero esa no da juego. Suena a que algo, aparte de mí, está más agujereado de la cuenta. Abdicar suena a derrota estrepitosa, a dejar el muerto a otro, también a pies para qué os quiero. 

Abdicar suena hasta comprensible.




...

Pensamiento 4. 

¿se puede abdicar de uno mismo? ¿es pecado, como hacer un testamento en vida? ¿Se puede uno despertar un día, poner dos fotos elegidas estratégicamente para lanzar un mensaje de tranquilidad, de continuidad, de "todo atado y bien atado", grabarse y colgarlo en Facebook, con un cartel que rece:

"Yo abdico"

Y, a continuación, proceder a mandar a tomar por culo todo lo que es la vida de uno, alegando que otro lo haría mejor, que otro está muy preparado?

Debería poderse. Abdicar debería ser un verbo que pueda usarse en referencia a cualquiera que piense que lo mejor es irse.

"Es probable que, lo merezca pero no lo quiero por eso me voy" decía Julieta Venegas...

Abdicar, como el suicidio, como desayunar Weetabix®, como llevar Crocs®, son ese tipo de cosas que no llego a saber si es de sabios o de cobardes.


O de ambas cosas.

Chi lo sa...



Cuando yo me suicide, lo haré con esto...

El mayor desprestigio de imagen pública, a no ser que seas Frank en la jungla....








....

[No ha sido el único momento surrealista del día...]



miércoles, 8 de enero de 2014

30. Homenaje a los vencidos.

La realidad que veo no es la que era. Y no me refiero a nada filosófico. Me refiero a cómo me muevo en entornos en los que, lo que veo, es la pantomima que quieren que me (¿nos?) sea mostrada. Nada más. No me refiero a niveles de sociedad ni a nada. Me refiero a algo más palpable.

Nadie sabe lo que pasa pero todos lo intuyen.

Pienso esto mientras saco un brazo por la ventana para fumar. C. duerme en mi cuarto plácidamente. E. me habla de campos de batalla. M. está en la U.C.I. Nadie sabe nada, por supuesto, porque la realidad que ven de mí, (por supuesto) no es tampoco la que es. 

Si vamos a jugar a eso, juguemos.

Todos dicen que M. muere joven pero que lo ha vivido todo. Hablamos hace poco. Prometí escribirle y no lo hice.

M. nunca jugó a las apariencias.

El peso de la realidad me supera. Tal vez por ello sea lo más fácil rendirse y jugar.

C. duerme plácidamente en mi cama. E. hace saldo de los vencidos. Tú no estás, parece que quiere decirme. M me dijo: la ciudad, aquí está, para ti. 

Y tuvo razón.

Me gustaría envolverlos a los tres con celofán, aprisionarlos contra mi vientre y decirles que son algo auténtico para mí en medio de este juego.

Pero lo intuyen, así que me quedo callada, me enciendo otro cigarro y saco un brazo por la ventana.

Yo no estoy.

La vida suena en este lugar...





A veces me despierto sin querer,
puedo verte cuando no me ves
dormida a mi lado.

Y me apoyo en tu corazón
y te canto en una canción
lo que nunca te digo.

Si pudiera abrazarte tan fuerte
y consiguiera quedarme dentro para siempre,
moriría por ti,
moriría por ti como mueren los valientes.

A veces me quiero despertar,
necesito oírte respirar
para sentirme vivo.

Y hago surcos por el edredón
como un rompehielos que va
escribiendo en el Ártico.

Si pudiera explicarte todos mis silencios,
sólo son laberintos en los que te pierdo,
viviría por ti,
viviría por ti como viven los valientes.


(17.10.2013)

---

Pensamiento posterior. Eran 3. Y decían que eran unos piezas. Fueron cayendo uno tras otro. Pero a mí me enseñaron prácticamente todo lo que merece la pena. Cuando escribí esto, aún no había caído la última. El de en medio está para el arrastre.

¿ves lo que ocurre por vivir al límite? ¿quieres morir tú joven también?

Yo tengo pánico a la muerte. Pero sé que, si unos segundos antes de dejar el Mundo Real® les hubiesen preguntado, seguro que no se arrepentirían de nada.

Por tener huevos para vivirlo todo. Por no hacerle caso al miedo. Por exprimir la vida. 

Mientras van cayendo uno a uno, Corder sigue durmiendo plácidamente en mi cama. Y Espe me sigue hablando de campos de batalla. Otros han venido, para quedarse. Yo ya no juego a las apariencias. El peso de la realidad no me supera, y no me rindo, pero mi juego es otro. 

El de intentar vivir con mayúsculas, el de intentar no tener miedo.

Es el mejor homenaje a los vencidos y más aún a los que siguen, a pesar de la vida, a mi lado.