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jueves, 19 de septiembre de 2013

Chico y Chica - Te van a matar + Los claveles - Viaje al centro de mi habitación + D.S.C. + La+Grande.





Delincuentes impulsados por aquella energía que surge de las malas pasiones, la única capaz de derrocar el viejo mundo y devolver su libertad creativa a las fuerzas de la vida. - Alain Sergent y Claude Hermel, Historia de la Anarquía.

M. M. y yo, vaya cartel...

Los síntomas de agotamiento empiezan a derivar en fiebre y un dolor genérico del que no podrías especificar si es gripe o agujetas. Pelotas-de-ping-pong-por-amígdalas e invadir con tus libros despachos ajenos. Me da el sol y apuro la última gota de Coca-Cola.

Estamos aquí haciéndonos conscientes de que pronto habrá que partir, cada uno por su lado habrá que huir y entonces nos damos cuenta de que:

- somos lo peor
- pasamos de todo
- prometemos por cuarta vez no hacerlo más.

Miro a mi alrededor con pena. Verdaderamente quiero aprovechar el tiempo que nos queda juntos. Sé que nos echaremos de menos. 

Pero empiezo a estar sobreexcitada. Apenas queda nada y luego...

ordenar el caos. 

Order Chaos from Calligraffiti: The Graphic Art of Niels Shoe Meulman.


Pf. Espera. Eso, claro...

Ha llegado el momento. Está casi aquí. Desde el locus de G. me pregunto por qué no está conectado el aire acondicionado. Qué se expande. Me siento eufórica y gesticulo a mansalva. G. no sé si pone expresión de verse contagiada por la misma efusividad o por una enfermedad virulenta irreversible. O por las dos cosas. He quasi 'coronado' la cima (la cima donde empieza otra cima mayor) y tengo claro hacia donde hay que ir (más o menos). En vez de poner una bandera he puesto (sin querer) mis libros. Este es el lugar donde vomitaré todo tras volverme loca, tras llegar a conclusiones estúpidas originales.

Tengo ganas de empezar algo que me motiva de verdad, con alguien que me motiva de verdad:

Demolish Serious Culture. 

Parroquianas, ha llegado a su Universidad La Escuela Moderna...


Quedan dos días...


Me van a matar...o no.
(Pero sí me van a largar, despedir, búscate otra cosa pero yo siempre estaré ahí, ¿eh?)

sábado, 20 de julio de 2013

Tu quoque.


Se denomina tu quoque (locución latina que significa ‘tú también’) al argumento que consiste en rechazar un razonamiento, o considerarlo falso, alegando la inconsistencia de quien lo propone. Es, por tanto, una variante de la falacia ad hominem, o de la falacia ad personam (cfr. Perelman) o ataque personal, mediante la cual se procura demostrar que una crítica o una objeción se aplica igualmente a la persona que la realiza, rechazándola sin entrar a analizarla.

Podría considerarse una variante de la falacia ad hominem ya que el objetivo es refutar la afirmación de un individuo desacreditándolo. Con este argumento se busca distraer la atención sobre la cualidad atribuida al sujeto B por el sujeto A, atribuyendo la misma cualidad al sujeto A. Así el sujeto A pierde credibilidad al ser presentado como un hipócrita. El sujeto B busca así demostrar la falsedad de la proposición enunciada por A.

Estructura del argumento

  1. A critica P.
  2. A es también culpable de P.
  3. Por tanto, la crítica a P es rechazada.
Se trata de una falacia porque la conclusión (rechazo de la crítica a P) no se sigue de las premisas.

Uso coloquial

El recurso al tu quoque es de uso muy frecuente, incluso por parte de aquellos que desconocen su existencia. Es fácilmente reconocible porque responde a la estructura «y tú también» o «y tú más» como respuesta a una crítica.

No todo recurso al tu quoque es falaz. Se considera que existe un uso legítimo cuando se utiliza para rechazar el recurso a la autoridad moral. La autoridad moral se basa en ser consecuente con lo que se aconseja, por tanto si se demuestra que quien realiza la afirmación es inconsecuente, sus consejos carecerán de valor. Por ejemplo, si alguien aconseja sacrificios a otros pero no está dispuesto a asumirlos, puede ser fácilmente desacreditado mediante el recurso al tu quoque.
                                                                                                           (adaptado de la Wikipedia)


Sí, lo reconozco. Normalmente permanecer ahí, sin más, me parece de un tedio sepulcral. Pero contigo era distinto. Era un reto. Un reto y una competición, aún sabiendo que tenía todas las de perder.

O quizá no todas las de perder.

Tu quoque.

Pero luego vinieron las lluvias, y con lluvias me refiero a...todo eso que pasó. Y entonces no pude ir a retarme contigo. Por supuesto, tú pensarías A. Que me habías ganado del todo o B. Que había hecho como los demás. Que en algo habías fallado. Pero no.

Y a los meses, nos volvimos a encontrar. Y no recuerdo qué fue lo que dijiste, pero sé que era un nuevo reto. Reto dialectico y también intelectual. Así es como se aprende. Y sé que yo te contesté, y luego nos dijimos mutuamente las cosas que hacíamos mal, y la conclusión final fue que nosotras éramos poco menos que perfectas, que los que lo hacían mal eran los demás.

Tu quoque.

Y también hubo un momento en el que hablamos de hospitales. Y también en eso decidimos competir. Tu quoque, tu quoque.

Y entonces, yo que me tenía muy montado el tinglado, hasta que me dijeron que no podía hacerlo sola. Que tenía que elegir a alguien, o que alguien me eligiese a mí. Y pensaba en lo obvio, lo fácil, lo rápido, lo cómodo, pero en el fondo no, en el fondo yo tenía muy claro a quien quería, a alguien con quien conectase de verdad, que se apasionase tanto o más que yo por todo esto, que me enseñase de verdad, que siempre fuese con una sonrisa en la cara. Y al final no pude más, y te amenacé vilmente para que aceptases, con muchos meses de antelación, porque tenía muy claro que esto lo iba a hacer contigo.

Te elegí, y, ¿qué hiciste tú?

Tu quoque.

Así que estoy encantada, a pesar de que me has prometido hacerme sufrir. Hacer que me arrepienta. Pero sé que de nuevo lo haces para retarme. Porque luego me doy la vuelta y te deshaces en halagos, con la boca chica, eso sí. Pero se te ve el plumero.

Tú eres una más de mi harén académico. De mi Santísima Trinidad. Así que sí, lo reconozco. Contigo es distinto. Un reto y una competición. Aún sabiendo que tengo todas las de ganar.

 Tu quoque.

(A la más Grande)