M: ¿peleamos?
C: ¡Vale!
La tumbé dos veces.
El resto fueron hostias como panes que volaron hacia mí.
Como era de esperar, perdí. Y aún estoy magullada.
Ampliación del blog de Azatioprina® (www.elblogdecha.tumblr.com) con contenidos más personales (unas veces compartidos en el blog principal y otras no) y para que S. pueda insultarme pero ya sin motivo. (Esto es una especie de prolongación de mi libreta, sin mayor pretensión literaria que la de organizar un poco el caos...)
M: ¿peleamos?
C: ¡Vale!
Se denomina tu quoque (locución latina que significa ‘tú también’) al argumento que consiste en rechazar un razonamiento, o considerarlo falso, alegando la inconsistencia de quien lo propone. Es, por tanto, una variante de la falacia ad hominem, o de la falacia ad personam (cfr. Perelman) o ataque personal, mediante la cual se procura demostrar que una crítica o una objeción se aplica igualmente a la persona que la realiza, rechazándola sin entrar a analizarla.
Podría considerarse una variante de la falacia ad hominem ya que el objetivo es refutar la afirmación de un individuo desacreditándolo. Con este argumento se busca distraer la atención sobre la cualidad atribuida al sujeto B por el sujeto A, atribuyendo la misma cualidad al sujeto A. Así el sujeto A pierde credibilidad al ser presentado como un hipócrita. El sujeto B busca así demostrar la falsedad de la proposición enunciada por A.
Estructura del argumento
Se trata de una falacia porque la conclusión (rechazo de la crítica a P) no se sigue de las premisas.
- A critica P.
- A es también culpable de P.
- Por tanto, la crítica a P es rechazada.
Uso coloquial
El recurso al tu quoque es de uso muy frecuente, incluso por parte de aquellos que desconocen su existencia. Es fácilmente reconocible porque responde a la estructura «y tú también» o «y tú más» como respuesta a una crítica.
No todo recurso al tu quoque es falaz. Se considera que existe un uso legítimo cuando se utiliza para rechazar el recurso a la autoridad moral. La autoridad moral se basa en ser consecuente con lo que se aconseja, por tanto si se demuestra que quien realiza la afirmación es inconsecuente, sus consejos carecerán de valor. Por ejemplo, si alguien aconseja sacrificios a otros pero no está dispuesto a asumirlos, puede ser fácilmente desacreditado mediante el recurso al tu quoque.(adaptado de la Wikipedia)
Hoy en casa no haces nada. Ponte a caminar
por las calles donde ibas diez años atrás.
Hoy no vengas a buscarme pues no me hallarás.
Tal vez me deje arrastrar.
Pero el fuego del recuerdo se te aparecerá
en forma de mil espectros.
Las caídas son señales de nuestra condición.
Algunos lo aprendemos con el tiempo.
Y ahora tú te preguntas si es que ya no hay corazón.
Tú ya no tienes corazón.
Y ahora tú te preguntas si es que ya no hay compasión.
O tal vez adoramos el horror.
Tratar de ser normal no es tan fácil en esta ciudad.
No quiero perder ni quiero ganar.
Los chavales desesperan sin saber lo que buscar.
Ya va siendo hora de luchar.
Y ahora tú te preguntas si es que ya no hay corazón.
Tú ya no tienes compasión.
Y ahora tú te preguntas si has perdido la razón
o te ha paralizado el terror.
Sin corazón...
Sin corazón...
Sin corazón...[Actualización posterior: ¡Andá! ¡Pues ahora sí que me deja!]